A quien se hace a la mar sin
decidir su
puerto de destino
el viento
nunca le es favorable.
Montaigne
¿Qué es lo que más te importa en este mundo? Es la pregunta que
Stephen R. Covey hace en su libro Los 7
hábitos de la gente altamente efectiva.
Tal vez no estamos acostumbrados a pensar mucho en ello. Es como
si tuviéramos incorporado qué es lo que más nos importa... ¡Cómo no voy a saber
qué es lo que me importa en la vida!
¿Será...
Pasar más tempo con mi pareja?
Educar a mis hijos?
Progresar en mi carrera y/o trabajo?
Lograr ese ascenso?
Irme de viaje?
Tener más tiempo libre?
Terminar mis estudios?
Comprarme el auto o la casa?
Funciona
en automático, tan en automático que no nos damos cuenta que no lo estamos
pudiendo concretar. Entonces: Si sabes qué es lo que quieres en la vida ¿qué es
lo que te impide conseguirlo?
¿Se
puede o no se puede? Depende del cristal con que lo mires, depende de lo
que declares al respecto.
Lo
que sí es seguro es que todo objetivo o meta debe llevar en sí mismo una de las
habilidades básicas de la efectividad: la
meta o el pensamiento estratégico.
Y
bien... ya sabes cuál es tu objetivo, por ejemplo, el trabajo... Pero ¿y los
demás aspectos de tu vida, tus hijos, tu descanso, la organización de tu hogar,
tus amistades, el deporte, tu salud?
Para
que tu accionar sea efectivo en el logro de tu meta debes organizarte con un
plan y con la administración de tu tiempo, para que no sólo alcances “un”
objetivo, sino que todos los dominios de tu vida funcionen en armonía.
En
el diccionario la palabra eficaz es definida como quien
produce el efecto que se espera de él. Para tener la
sensación de ser eficaces, debemos previamente, fijarnos objetivos definidos en el
mismo diccionario como fines que uno se propone alcanzar.
Sin
objetivos ¿cómo saber si se avanza en la buena dirección? Montaigne pensaba que
“El alma que no tiene ningún fin
establecido, se pierde; pues, como se dice, estar en todas partes es no estar
en ningún lado”
A
medida que pasan los años y que avanzan hacia la edad de la jubilación las
personas se ponen a dudar de su valor y del de sus realizaciones. Muchos tienen
la sensación de que no han tenido tiempo para hacer lo que deseaban; otros,
simplemente, recién descubren qué es lo que deberían haber hecho o a qué
deberían haberle dado prioridad en la vida, pero ya no les queda tiempo...
“El
tiempo pasa volando” (dijo el
gerente de una gran compañía)
“El
tiempo nunca pasa” (dijo el preso en la cárcel)
¿Quién
tiene la razón? Nuevamente: depende del observador que seamos del tiempo. El
tiempo es una variable a la cual nosotros le damos el valor. En sí, no existe.
Los problemas aparecen cuando somos nosotros los que nos trasladamos al pasado
o al futuro. En el pasado dejamos tristezas y frustraciones; en el futuro
aventuramos peligros imaginarios...
“Tener”
o “no tener” tiempo es un juicio (una creencia que tenemos sobre él). El tiempo
es como plastilina en nuestras manos: podemos moldear cosas fabulosas con él, o
podemos hacer una bola y arrojarlo a un costado.
- ¿Qué
deseas verdaderamente de la vida?
- ¿Qué
te está faltando para lograrlo?
- ¿Cuáles
son tus objetivos? ¿En qué dominios: familia, trabajo, amistades,
sociales, etc? ¿Qué resultados quieres alcanzar y en qué plazos?
Teniendo como faro los objetivos prioritarios que te has
marcado, diseñarás tu actividad diaria y las acciones futuras. Debes
diferenciar objetivos a corto, medio y largo plazo: cuanta
más coherencia haya entre los objetivos a corto y a largo plazo mejores
resultados obtendrás.
Lic. María Luz Brambilla

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