martes, 22 de octubre de 2013

Organización del tiempo


A quien se hace a la mar sin
decidir su puerto de destino
el viento nunca le es favorable.
Montaigne

¿Qué es lo que más te importa en este mundo? Es la pregunta que Stephen R. Covey  hace en su libro Los 7 hábitos de la gente altamente efectiva.
Tal vez no estamos acostumbrados a pensar mucho en ello. Es como si tuviéramos incorporado qué es lo que más nos importa... ¡Cómo no voy a saber qué es lo que me importa en la vida!
¿Será...
Pasar más tempo con mi pareja?
Educar a mis hijos?
Progresar en mi carrera y/o trabajo?
Lograr ese ascenso?
Irme de viaje?
Tener más tiempo libre?
Terminar mis estudios?
Comprarme el auto o la casa?

Funciona en automático, tan en automático que no nos damos cuenta que no lo estamos pudiendo concretar. Entonces: Si sabes qué es lo que quieres en la vida ¿qué es lo que te impide conseguirlo?
¿Se puede o no se puede? Depende del cristal con que lo mires, depende de lo que  declares al respecto.
Lo que sí es seguro es que todo objetivo o meta debe llevar en sí mismo una de las habilidades básicas de la efectividad: la meta o el pensamiento estratégico.
Y bien... ya sabes cuál es tu objetivo, por ejemplo, el trabajo... Pero ¿y los demás aspectos de tu vida, tus hijos, tu descanso, la organización de tu hogar, tus amistades, el deporte, tu salud?
Para que tu accionar sea efectivo en el logro de tu meta debes organizarte con un plan y con la administración de tu tiempo, para que no sólo alcances “un” objetivo, sino que todos los dominios de tu vida funcionen en armonía.

En el diccionario la palabra eficaz es definida como quien produce el efecto que se espera de él. Para tener la sensación de ser eficaces, debemos previamente, fijarnos objetivos definidos en el mismo diccionario como fines que uno se propone alcanzar.
Sin objetivos ¿cómo saber si se avanza en la buena dirección? Montaigne pensaba que “El alma que no tiene ningún fin establecido, se pierde; pues, como se dice, estar en todas partes es no estar en ningún lado

A medida que pasan los años y que avanzan hacia la edad de la jubilación las personas se ponen a dudar de su valor y del de sus realizaciones. Muchos tienen la sensación de que no han tenido tiempo para hacer lo que deseaban; otros, simplemente, recién descubren qué es lo que deberían haber hecho o a qué deberían haberle dado prioridad en la vida, pero ya no les queda tiempo...

El tiempo pasa volando” (dijo el  gerente de una gran compañía)
El tiempo nunca pasa” (dijo el preso en la cárcel)

¿Quién tiene la razón? Nuevamente: depende del observador que seamos del tiempo. El tiempo es una variable a la cual nosotros le damos el valor. En sí, no existe. Los problemas aparecen cuando somos nosotros los que nos trasladamos al pasado o al futuro. En el pasado dejamos tristezas y frustraciones; en el futuro aventuramos peligros imaginarios...
“Tener” o “no tener” tiempo es un juicio (una creencia que tenemos sobre él). El tiempo es como plastilina en nuestras manos: podemos moldear cosas fabulosas con él, o podemos hacer una bola y arrojarlo a un costado.

  • ¿Qué deseas verdaderamente de la vida?
  • ¿Qué te está faltando para lograrlo?
  • ¿Cuáles son tus objetivos? ¿En qué dominios: familia, trabajo, amistades, sociales, etc? ¿Qué resultados quieres alcanzar y en qué plazos?

Teniendo como faro los objetivos prioritarios que te has marcado, diseñarás tu actividad diaria y las acciones futuras. Debes diferenciar objetivos a corto, medio y largo plazo: cuanta más coherencia haya entre los objetivos a corto y a largo plazo mejores resultados obtendrás.

Lic. María Luz Brambilla


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