La comunicación con los demás es importante, sin embargo, la comunicación con uno mismo es mucho más importante. ¿En qué varía el diálogo interno de un hombre hoy, con el diálogo interno de un hombre de hace 40 años, un siglo, cinco siglos? En nada. ¿Cómo es la comunicación que tenemos con nosotros mismos? ¿Cual es su contenido profundo que nos afecta en nuestra vida diaria? ¿Cuales son nuestros pensamientos dominantes o creencias?
Alguien dijo que somos el resultado de nuestras propias creencias, esto es, la forma, el puntos de vista con el que vemos el mundo. Quizá nuestros pensamientos sean derrotistas, negativos, lacerantes, egoístas, juiciosos o quizá sean pensamientos constructivos, edificantes, motivadores, de aceptación, etc. Cada quien tiene sus favoritos. Hay personas que le dedican mucho tiempo a la preocupación, otros quizá se inclinan más al enojo con ellos mismos y con los demás, otros a disminuirse y devaluarse.
Somos el producto de nuestros pensamientos dominantes. Somos el producto de esa comunicación continua que reforzamos y que algunas personas han llegado a afirmar que es hereditaria. “Mi papá se enojaba mucho y así salí yo, igualito a él”. “Mi mamá vivía preocupada por todo y así me tocó ser.” Esta es una posición de pasividad.
El hombre ha dado pasos gigantes para mejorar su comunicación externa, ¿por qué no dar pasos gigantes para mejorar la interna? Todavía hay muchas personas que no saben que sí pueden cambiar y cancelar esos pensamientos dominantes o creencias disfuncionales que oscurecen su calidad de vida y entorpecen su fluir para que sus relaciones en casa, en la oficina y en la sociedad sean más afables y flexibles.
¿Cómo se hace esto? Es necesario tener un guardia mental que esté vigilando lo que nos decimos. Cada vez que aparezca un pensamiento limitante o negativo, como por ejemplo “no llegaré con el trabajo” es importante detectarlo y desecharlo y cambiarlo por uno que nos dé energía: “llegaré a cumplir con mi trabajo si lo divido por etapas, horarios, objetivos, etc” eso nos da motivación y energía.
Otra ayuda muy importante es darle al cerebro información en positivo. El cerebro lee textualmente: No pienses en un elefante!! En qué pensaste? Seguro en un elefante. El cerebro en muchos casos no lee el NO. De este modo pensaste elefante. Para lograr lo que nos proponíamos digamos “pensá en una vaca”.
Lo bueno de técnicas por lo positivo se observa en otro ejemplo ilustrativo: en lugar de decir “no fumes más” cambiemos por “deseo una vida sana”. El cerebro en el primer caso lee: fumar más , en el segundo caso vida sana.
Esto hay que hacerlo una y otra y otra vez. Pronto nuestra mente aprenderá a pensar en positivo y comenzará a crear un programa que podrá funcionar automáticamente. Para poder hacer esto tuvimos que enseñarle a la mente una y otra vez lo que queríamos y no lo que “no queríamos”ahora podemos producir la respuesta sin esfuerzo.
No es tarde para nadie empezar a enseñarle al cerebro nuevos caminos de comunicación que sean para beneficio propio así como para personas que buscan una evolución positiva interna. En la medida en que se dé un desarrollo positivo interno con una comunicación de calidad, las relaciones, los negocios y el estar consigo mismo resultarán más agradables y menos estresantes.
LIC. MARIA LUZ BRAMBILLA


No hay comentarios:
Publicar un comentario